Sus libros - Diario de una anoréxica
Diario de una anoréxica es el primer libro de Valérie Valère, y también el más famoso y fácil de conseguir, a menudo recibo correos electrónicos de gente preguntándome donde podrían descargarlo en formato pdf o similar, y la verdad es que hasta donde yo sé no hay ningún sitio que lo ofrezca publicamente, entiendo que por el tema de los derechos de autor, lo cual es un poco cuestionable habiendo muerto la autora hace ya más de 30 años.

Yo por las ganas lo publicaría y dejaría que quien quisiera se lo descargase gratis de esta misma web, pero no puedo porque la policía del pensamiento único cerraría mi página con esa excusa... vaya mundo en que vivimos!

Pero bueno, si alguien quiere puede escribirme por si acaso la situación ha cambiado y puedo indicarle donde podría bajar el libro de internet.

A parte de esa versión digital en formato pdf, en español ha habido muchas ediciones diferentes en papel, y todas ellas están agotadas que yo sepa, pero en los siguientes enlaces debería de ser posible encontrar alguno a buen precio de segunda mano:

Portada del libro Diario de una Anoréxica
Portada del libro El pabellón de los niños locos

En las primeras ediciones el libro se titulaba El pabellón de los niños locos, traducción literal del título original en francés, después en las últimas ediciones a algún editor se le ocurrió cambiar ese título por Diario de una anoréxica, me imagino que porque pensaría que así el libro se vendería mejor.

Con una forma de escribir muy directa y cruda, se trata de una historia sobrecogedora que no deja indiferente a nadie, hay quien se alinea del lado de los médicos y otros del lado de Valérie a la hora de juzgar quien tenía razón, pero bueno, lo mejor es que cada cual lo lea y saque sus propias conclusiones.

Es interesante decir que el libro es el texto original que escribió Valérie, ya que al intentar editarlo hubo alguna editorial como Grasset que le pretendió exigir que modificase su texto como condición para editarlo, pero ella se negó en redondo, y finalmente Ediciones De Stock aceptaría el manuscrito íntegro.

En Francia el libro se ha reeditado continuamente desde su primera edición el 9 de noviembre de 1978, y normalmente es posible comprarlo en Internet sin problemas.

A continuación algunos extractos del libro:

No quiero ser como vosotros, pasivos, idiotas, tercos.

Estoy llena de rencor, de rabia incontrolable, de tristeza sin fondo, pero todos se alejan.

Si me hubiese topado con personas auténticas aunque no hubiesen sido perfectas… no habría abierto las puertas a una muerte cierta.

¿Qué se han creído? ¿Que voy a ceder a su infame chantaje?

Todos son unos traidores.

Hay que seguir al rebaño, ser un robot.

Cada vez tengo más claro que no quiero dejarme engañar por vuestras sucias mentiras.

Soy más testaruda que todos juntos.

Debo continuar viviendo, es mi única obligación, es mi única ley.

¡No, no me cogerán! Quiero que me olviden, que me dejen morir, que me ignoren y que no me torturen más con esas bandejas.

No conseguirá nada de mí, ya puede hablar.

No quiero su piedad ni sus palabras. No me cogerán.

¿Qué crimen he cometido?

Detesto a las personas que me dicen que les hago daño con mi abandono porque no me quieren.

La soledad y el silencio me espantan. Estoy perdida en un lugar donde nadie tiene derecho a existir.

Estoy muy demacrada pero me gusta así.

Me siento aprisionada entre estas cuatro paredes. Sí, quisiera que me aplastaran, quisiera marcharme, abandonarlo todo, no existir. Ser nada.

Mis ojos ya no ven nada, pero me río de mi tristeza porque rechazo mi propia compasión, sólo deseo gritar mi rabia y destruirlo todo.

Yo también tengo miedo porque no quiero que me traten como a una loca.

¿Hay algo más terrible que mantener a alguien con vida cuando no quiere conservarla?

Sólo hay una idea fija: “No me cogerán”.

Todos los psiquiatras tienen un aire pontifical y condescendiente.

Los aseos son un refugio acogedor, lo malo es que no se puede permanecer en ellos más de un cuarto de hora.

Sólo quiero dormir y sentir el vacío del sueño.

No sé nada, imbéciles. Y aunque lo supiera nunca intentaría explicároslo.

No quiero deberle nada a nadie, ni la más mínima satisfacción, nada merece este horror.

No correré el riesgo de decirte ni una palabra.

Tenía que haber cometido un delito mucho más grave, así me habrían condenado a muerte.

Es como una competición; todavía puedo perder cinco kilos.

Eran ellos los que me habían forzado a estar en este mundo. Yo no les debía nada. Eran ellos quienes me lo debían dar todo.

Me resulta indiferente morir aquí o fuera. Nada puede impedirme que me reúna con la muerte.

A ellos sólo les interesan los kilos; si los recupero, aunque no lleguen a saber nada de mí, me dejarán marchar. No son más que unos hipócritas, unos charlatanes. No les diré nada.

Tengo bastante con mis propios reproches y no quiero oír los de los demás.

Sé que quiere demostrar mi poca femineidad.

Nos niegan el derecho a morir de hambre.

Al principio no comía porque me veía demasiado gorda; después, aunque estaba en los huesos, ya no pude tragar ningún alimento. Pero no quiero decírselo a los médicos porque se reirían de mí.

Por eso retiran los espejos; tienen miedo de que veamos los estragos que puede causar su veneno.

Soy un caso típico de anorexia, con todos sus síntomas y circunstancias familiares: inteligente, no menstrua, padre ausente, madre protectora, etc …

Señor psiquiatra, no es a los niños a quienes se debe encerrar sino a los padres, los auténticos culpables.

La anorexia es un suicidio prolongado y doloroso, quizá una especie de grito de socorro, un tiempo muerto durante el que se acumulan motivos falsos para seguir manteniendo la misma actitud.

Cuando estás desesperada las únicas personas que pueden ayudarte son las que han pasado por lo mismo; comprenden tu estado de ánimo, tu rebelión, que no tratan de aplacar sino de excitar para que después puedas olvidar.

Nada tenía que ser brusco, aquellos sádicos deseaban un aumento lento y regular.

Sadismo es llevar a alguien hasta el extremo de la humillación y la nausea.

Ellos han hecho de mi una piltrafa, yo ni siquiera he tenido el coraje ni la franqueza de reconocerlo. Me doy asco. No he podido vencerlos.

La chica que decía con orgullo: “No me cogerán” ha desaparecido entre la suciedad de estas paredes.

Ahora me doy cuenta que lo de la libertad no era más que un mito. Estoy en otra cárcel donde se me permite la ilusión de creer que no estoy encerrada.

¿Qué diferencia hay entre este mundo y el pabellón de los locos?

He descrito un universo de locura porque eso fue lo que allí viví, no he podido contener la rabia ni la desesperación, el lenguaje se ha rebelado contra mí.

No se debería encerrar a los niños por el crimen de la locura; ellos no saben defenderse.

No se permite nada, hay que seguir a las ovejas, actuar igual que todos estos robots. ¿Por qué no pueden entender que alguien ya no quiera comer? ¡Cómo si con eso se les quitara a ellos la comida del plato!... no era su problema... Los odiaba.

Espero al menos que me dejen morir como deseo... Sé que la tortura consiste en dejar vivir a alguien que no quiere hacerlo. ¿No es acaso esto más terrible que quitarle la vida a alguien que la aprecia de sobremanera? Yo no pedí tener vida, ya no la quiero. Ahora tengo derecho a elegir.

Nada tiene sentido. Inutilidad profunda y acusadora. Me disuelvo en la soledad y en la tristeza.

Ignacio Vidal, el autor de esta web

Nacho (el autor de esta web)

En otros tiempos técnico de sistemas Unix, en 2004 decidí intentar vivir mi vida de una forma más coherente conmigo mismo, y así fue como surgió esta web, en la que escribo desde entonces cuando mis circunstancias me lo permiten.

Nací en España hace ya 39 años, y después de andar viendo mundo a bordo de un pequeño barco durante 10 años, finalmente decidí establecerme en la isla de Santa María (Portugal), un oasis de paz, tranquilidad y belleza en este planeta cada vez más atribulado en el que vivimos.

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