Entrando en tierras lusófonas ^_^

Escrito el 22/Mayo/2011 por

Después de casi 3 años en España llegó el momento de izar la bandera de cortesía de Portugal, estas últimas semanas fueron bastante intensas, estuve muy atareado con los preparativos del viaje, intentando preveer lo imprevisible para evitar el mayor número de problemas y situaciones demasiado interesantes... y como suele ocurrir en estos casos al final el golpe te viene de donde menos te lo esperas.

Xebec ondeando la bandera de cortesía portuguesa

Resulta que yo tenía una lista con un par de centenar de cosas que hacer y preparar antes de dejar atrás el primer mundo y adentrarme en las costas del

Africa Tropical, también conocidas como 'La tumba del hombre blanco', entre otras cosas había leido que en muchas de las zonas donde planeo pasar varios meses era complicado encontrar un médico, y mucho más un dentista que ofreciera unas mínimas garantías, así que escribí en mi lista 'visitar dentista'.

En realidad no tenía ningún problema significativo en la boca, sólo un par de pequeñas caries que llevaban muchos años paradas y apenas me daban un ligero dolorcillo de unos pocos segundos cada varias semanas... pero bueno, pensé que era buena idea el empastarlas, más que nada por si acaso me daban guerra en medio del Mar o en un puerto donde no hubiera un dentista...

Yo que soy muy precavido y, porque no decirlo, tengo una sana desconfianza de la medicina convencional, llevaba desde agosto preguntando a todas las personas que conocía en Vigo por un buen dentista que me pudieran recomendar, y nadie me supo recomendar uno con seguridad, siendo la respuesta más habitual: 'que sea de fiar, ninguno'.

Así pues, a principios de abril, haciendo alarde de un desastroso optimismo infundado, me decidí a ir a uno de mi seguro médico, pensando que por un par de pequeños empastes no tenía porque pasar nada malo, y sin duda sería mucho peor no hacer nada y esperar a que las caries avanzasen y me llegasen a dar problemas.

El caso es que al hacer el primer empaste, en la pieza 36 (la muela grande de abajo a la izquierda, la del medio), lo que en la radiografía se veía como una caries diminuta, se tradujo en un empaste que ocupaba el 80% de la muela, y 3 días después de hacer el empaste, este se agrietó y empecé a tener muchos dolores, intenté que el dentista que lo hizo lo arreglase, pero en un alarde de profesionalidad se negó a hacerlo argumentando que era normal el dolor, y que ya se pasaría sólo en un par de semanas, ni siquiera se dignó a mirarme, diciendo que estaba muy ocupado esa semana, e incluso aunque hubiese algún problema no iba a hacer nada hasta la siguiente.

Después de dejar pasar un tiempo prudencial para que el problema fuese haciéndose más grande, se dignó verme, y me informó de que en efecto había un problema, cuya solución consistía en que le pagase 300 euros para hacerme una endodoncia sin demasiadas garantías de éxito, pero que no me preocupase, que si la endodoncia fallaba me podía hacer un implante por 1400 euros.

Yo que a esas alturas ya tenía serias dudas sobre la profesionalidad de ese personaje, decidí acudir a otros dentistas, a ver si me daban una solución mejor, pensando (iluso de mi), que habría tenido mala suerte y di con una mala persona y peor dentista.

Cual no sería mi sorpresa cuando ví que con distintos matices todos venían a decir lo mismo, añadiendo que si no hacía nada pronto se me produciría una infección y todo sería mucho más complicado y peligroso; así que en vistas de que la endodoncia ofrecía pocas garantías de éxito, me resigné a perder mi querida muela que jamás había dado el menor problema.

Entonces, acudí a unos dentistas de Baiona de los que me habían hablado bien, y me dieron hora para dentro de 2 semanas para sacar la muela, insistiéndome en que era mejor que intentase primero lo de la endodoncia por si acaso funcionaba, pero que aún así si decidía sacar la muela ellos lo harían sin problema.

Cual no sería mi sorpresa cuando al volver ahí después de 2 semanas de espera contando los días y las horas, me encuentro que los mismos supuestos profesionales que me dieron la hora para sacar la muela ahora intentan convencerme de que mejor me haga la endodoncia, primero en plan amable, luego de forma agresiva (estilo comercial de telefónica), y por último se negaron a sacarme la muela, a sabiendas de que me habían tenido esperando 2 semanas por ello, corriendo un riesgo serio de tener una complicación grave, y ahora condenándome a tener que buscar otro dentista a contrareloj que puediera ayudarme antes de que aquello se infectase y acabase en el hospital.

Basicamente lo que vinieron a decir es que no iban a resolver un problema por 60 euros cuando podían resolverlo por 400, que para eso estudiaron una carrera, para hacerse ricos, y no para intentar ayudar a otras personas.

Después de eso, todavía tuve que recorrer las consultas de otros tantos profesionales de la salud dental, hasta que di con una que amablemente me sacó la muela, tardó menos de un minuto y casi ni me enteré... pero para entonces ya se me había hecho un flemón, y la infección se me extendió irremediablemente hasta el oido, donde, al menos de momento, está controlada a base de antibióticos.

Dos días después de sacar la muela, todavía con la inflamación en media cara, y sin poder comer más que purés y zumos, levanté el ancla y dejé atrás el Reino de España, con una muela de menos en la boca y 300 euros menos en el bolsillo.

Cuando ya iba quedando atrás en el horizonte la península ibérica me acordaba de aquel dicho marinero que dice: 'Sólo hay 4 tipos de marineros: los que ya murieron, lo que lo dejaron, los inexpertos y los pesimistas', supongo que poco a poco voy dejando de pertenecer al tercer tipo y cada vez me ajusto más al cuerto.

Realmente fue un optimismo imprudente lo que me llevó a pisar la consulta de un dentista sin tener ninguna molestia, sabiendo como sé que vivimos en una sociedad donde se antepone el ánimo de lucro material a cualquier cosa, ya sea la salud de una persona, la justicia más elemental, la dignidad en el trabajo o el respeto de unas normas éticas básicas.

Así que ahora cuando llegue a sitios lejanos donde sin duda también habrá muchos problemas y situaciones terribles, me palparé con la lengua mi boca mutilada a cambio de 300 euros, y me acordaré de que en el sitio de donde vengo también hay problemas: las madres entierran a sus hijos con demasiada frecuencia, el trabajo honrado es sinónimo de miseria, los médicos arruinan la salud de sus pacientes cada vez por menos dinero, la justicia es cada vez más barata para los ricos y más inaccesible para los pobres, la comida cada vez peor y más cara, y probablemente no esté muy lejos el día en que la vida sea tan difícil o más que en el llamado tercer mundo.

Pero bueno, hay que intentar hacer lo que se puede con las cartas que a uno le tocan en la vida, así que de momento, y a pesar de los profesionales de la salud, la policía del pensamiento único, y demás enemigos de mayor o menor calibre, conseguí salir vivo de Baiona y el Reino de España y sigo avanzando rumbo al Sur; como dijo Tristán Jones: 'Cuando estés en problemas o no lo veas claro, iza las velas y sal pitando'.

Por lo demás poco a poco voy perfeccionando las técnicas de navegar con vientos ligeros, ahora ya sé poner y quitar el spinaker yo solo, que es una vela muy grande y de colorines que sirve para cuando hay vientos muy lijeros, casi imperceptibles, de tal manera que en vez de arrancar el motor usas esa vela, en el caso de mi barco es todo bastante fácil, porque al ser el barco pequeño el spinaker también lo es y la verdad es que resulta más fácil de lo que yo pensaba.

Probando el Spinaker en Xebec

También aprendí recientemente a atangonar el génova (la vela de proa), cosa que también es muu útil, consiste en poner ese palo horizontal que se ve en la foto de tal forma que sujete el extremo de la vela y esta no flamee con los movimientos del barco, esto es especialmente útil cuando hay una situación de poco viento y muchas olas.

Atangonando el génova de Xebec

Y bueno, aquí un par de fotos de mis últimos días en España, solía ir remando a menudo desde el barco hasta el puente de Ramallosa, donde hay una piscina climatizada, muchas tiendas y un par de cines; es un paseo muy agradable, que hay que hacer siempre con la marea:

Remando hasta Ramallosa en Kyon

Aquí yo con mi gran amiga Elena, en la última visita que me hizo en España, pocas semanas antes de zarpar:

Elena y yo remando hacia Xebec

La verdad es que dejo atrás mucha gente a la que quiero y aprecio mucho, lo cual no deja de darme cierta nostalgia y preocupación, por ellos no por mí, porque sé que la situación en España sólo tiene visos de ir a peor en general, y al final, a unos antes y a otros después, a todos les afectará, y supongo que a mi me tocará ser una vez más testigo pasivo de las desgracias de mis seres queridos.

Y que nadie piense que 'huyo para salvarme', sé perfectamente a donde voy y los problemas que hay ahí, y en ningún momento pensé que mi viaje fuese una forma de evitar problemas o escapar de las desgracias, lejos de eso, es simplemente una forma de intentar encontrar personas que afronten sus problemas de una forma menos pasiva, mezquina e individualista de como se hace en el primer mundo, el tiempo dirá si mereció la pena el esfuerzo y si realmente estaba buscando algo que existía o no.

De momento es algo que para mi tiene mucho sentido y con lo que me siento bien, con la boca mutilada por un criminal colegiado, pero aún así contento de poder seguir mi camino:

Xebec y Nacho en Portugal
Ignacio Vidal, el autor de esta web

Nacho (el autor de esta web)

En otros tiempos técnico de sistemas Unix, en 2004 decidí intentar vivir mi vida de una forma más coherente conmigo mismo, y así fue como surgió esta web, en la que escribo desde entonces cuando mis circunstancias me lo permiten.

Nací en España hace ya 39 años, y después de andar viendo mundo a bordo de un pequeño barco durante 10 años, finalmente decidí establecerme en la isla de Santa María (Portugal), un oasis de paz, tranquilidad y belleza en este planeta cada vez más atribulado en el que vivimos.

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