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Saint Marine - Gijón: Travesía a vela de Saint Marine a Gijón

El 6 de junio del 2008 soltamos amarras de Saint Marine y dejamos atrás el río Odet, al ser la primera travesía de Elena, decidimos hacer pocas millas, y fuimos a Concarneau, un pueblín medieval que había 14 millas al Sur de Benodet.

En este mapa puede verse toda la travesía hasta llegar a Gijón:

Mapa de Saint Marine a Gijón

Llegamos a Concarneau a la hora de la merienda, después de una travesía de apenas 4 horas, el tiempo fue idílico, el mar como un espejo, una brisa favorable, un Sol radiante... vamos, de anuncio de agencia de viajes!

Concarneau es un pueblo muy pintoresco, porque lo que es el casco antiguo está en una especie de isla fortificada, llena de callejuelas medievales, y a la cual sólo se puede acceder mediante una especie de puente, en esta foto estamos en un mirador de esa ciudadela medieval, al fondo el puerto deportivo, el primer barco chiquitín que se ve a la izquierda es el nuestro:

Xebec, Elena y Nacho en Concarneau

En lo que es el pueblo de Concarneau estuvimos sólo un día, después fuimos a fondear a una cala muy acogedora que había en las afueras, y ahí estuvimos unos cuantos días más, era una zona residencial llena de casitas típicas bretonas, muchas con tejado de paja, el sitio era muy tranquilo y agradable para pasear.

En esta foto se nos ve preparando la siguiente travesía, a quien no navegó nunca le sorprende mucho la infinita cantidad de preparativos que hay que hacer antes de hacerse a La Mar... que si estudia la carta naútica, lee el derrotero, el almanaque, las mareas, el parte meteorológico, buscar el sitio donde se ve a atracar o fondear, mete waypoints al GPS... lo ideal es tomárselo con tranquilidad e intentar disfrutar con ello ^_^

Cartas naúticas en Xebec

Después de Concarneau decidimos ir a la Isla de Groix, más que nada porque la entrada a puerto era mucho más sencilla que entrando a L'Orient, fueron 29 millas, y creo recordar que tardamos algo más de 10 horas, porque los vientos eran flojos, y como tampoco teníamos ninguna prisa pues preferimos no arrancar el motor (más que nada por el ruido).

En esta foto se puede apreciar cuales fueron las condiciones meteorológicas durante casi toda la totalidad del viaje:

El mar de Bretaña en calma

Tuvimos mucha suerte con el tiempo, salvo un par de horas entrando en Bilbao el resto fueron todo olas de menos de 1 metro, vientos suaves y siempre favorables o, muy a menudo, nada de viento (hicimos cerca de 200 horas de motor desde que salí de Plymouth).

También es cierto que esa suerte la buscamos, porque siempre mirábamos con detenimiento tanto el parte francés como el inglés antes de zarpar, y sólo salíamos si el parte era claramente favorable, simplemente con que diesen ráfagas de fuerza 6 o superior ya no nos movíamos del sitio, y en más de una ocasión eso supuso estar más de una semana en el mismo lugar, pero no nos arrepentimos de ello, porque realmente eramos unos marineros novatos y no teníamos ninguna intención de demostrar nada a nadie, simplemente de llegar sanos y salvos a Gijón de la forma más tranquila y segura posible; y total, ya que estábamos en Francia, pues aprovechamos para hacer turismo y ver sitios nuevos.

De la Isla de Groix fuimos a Isla Bella, fue una travesía de tan solo 20 millas y unas pocas horas, así que al llegar al "puerto" de Sauzon, aprovechamos para darnos una buena ducha, las duchas solares resultaron ser muy útiles y prácticas.

Pasando calor en Sauzon, Isla Bella

Hacía un día extremadamente caluroso, y tuvimos que improvisar un toldo para la bañera, porque si no veíamos que acabábamos deshidratados, aunque pueda parecer algo pintoresco, los barcos que había alrededor y no tenían toldo ni forma de improvisarlo nos miraban con mucha envidia XD

Toldo casero en la bañera de Xebec

El problema del puerto de Sauzon era que secaba con la marea, con lo cual muchos barcos no podían entrar a pasar el día o la noche... y ese problema lo solucionaron poniendo unas bollas fuera del puerto, en una zona totalmente expuesta al oleaje y el viento, según te atabas a la bolla venía un cobrador en una potente lancha a cobrarte la friolera de 9 euros por haberte atado a la bolla (muy caro, normalmente un puerto deportivo con pantalán, duchas, electricidad y agua a pie de barco anda sobre los 10 euros).

Y lo peor no fue el tener que pagar precio de puerto deportivo y tener que ducharnos en la bañera del barco... sino que al atardecer se levantó algo de viento y oleaje, y el supuesto puerto se convirtió en un sitio muy incómodo y peligroso, hubo muchos barcos que decidieron marchar (a pesar de haber pagado ya la noche), y los pocos que nos quedamos nos las vimos y deseamos para poder atarnos a la bolla con más cabos, hubo incluso quien echó un par de anclas "por si acaso".

Pero bueno, a parte de la noche movidita, no pasó ninguna desgracia, a la mañana siguiente desembarcamos en Sauzon con el bote de remos, y encontramos un pequeño y simpático pueblito pesquero, no creo que tuviera más de 1000 habitantes (fuera de la temporada turística).

Pero como el puerto era caro y malo, decidimos irnos ese mismo día; la idea era ir hasta la capital de la isla, donde había un puerto deportivo grande, pero al llegar ahí salió un marinero en su lancha fueraborda a decirnos que el puerto estaba completo y que no entraba un solo barco más, y nos explicó que en la parte Sur de la isla había una zona con bollas que eran gratis para los visitantes (es decir, lo mismo que en Sauzon pero gratis).

Y así fue como llegamos a Loc Maria, una especie de diminuto puerto natural al pie de un simpático y muy muy tranquilo pueblín, el sitio nos gustó, entre otras cosas porque teníamos la sensación de ser los únicos turistas en todo el lugar, desde luego éramos el único barco de fuera de la isla...

Estuvimos en Loc Maria hasta el 14 de junio, cuando zarpamos rumbo a la Isla de Yeu, una travesía de 46 millas, también con tiempo muy favorable, donde lo más destacado fue que pescamos una hermosa lubina que comeríamos al día siguiente:

Lubina recien pescada

La Isla de Yeu nos gustó mucho, era muy diferente a todos los demás sitios de Francia que habíamos conocido, parecía una especie de pequeña república independiente, todavía conservaba una flota pesquera importante y en activo, el turismo era algo muy secundario, y daba la impresión de ser un lugar con carácter propio y de verdad, incluso pasamos por la oficina de empleo a ver que tipo de ofertas de trabajo había... y nada, no había nada, según nos explicaba la empleada del Inem Francés, la mayoría de la gente tendía a irse de la isla por temas de trabajo.

En Yeu encontramos muchas cosas, tenía una vida cultural bastante animada, cuando llegamos justo acababa de empezar nada menos que un Festival de Cine Africano, y poco antes había habido un festival de teatro. También tenían la mejor panadería que hemos visto en los últimos años, si no estuviera tan lejos de España casi merecería la pena cruzar el Golfo de Vizcaya para ir ahí a comprar el pan.

Después de casi una semana, el 20 de junio, zarpamos rumbo a Los Sables de Olón, una ciudad muy grande con un puerto interior enorme, el sitio no estaba mal, pero resultaba quizás un poco aburrido, demasiado parecido a todas las demás ciudades medianas que conocíamos...

Así que el 22 de junio pusimos rumbo a la Isla de Re, donde dormiríamos fondeados esa noche, hubo un atardecer muy bonito:

Xebec fondeado en la Isla de Re

De la Isla de Re fuimos a Royan, en la desembocadura de La Gironde, un sitio complicado de entrar por las fuertes corrientes que hay, incluso muchas millas mar adentro; hay que calcular muy bien las horas de la marea y entrar puntualmente, porque como cojas la corriente en contra no entras, y aún teniéndola a favor te desvía del rumbo con mucha fuerza.

Royan era un sitio bastante turístico, pero a la vez tenía cierto encanto, y había muchas heladerías ^___^, muchos de los negocios tenían nombre español, y no era raro encontrar gente que hablase este idioma.

Una vez llegados a La Gironde vino el momento decisivo de tener que hacer una noche en La Mar, para poder llegar hasta Arcachon, el siguiente puerto que había hacia el Sur.

Navegando de noche en velero

La travesía nocturna transcurrió sin contratiempos, se hizo algo pesada porque no hubo apenas viento y tuvimos que ir a motor casi todo el rato (con lo cual fue difícil dormir), el momento interesante llegó a la hora de entrar en Arcachon, este es quizás el puerto más complicado de entrar en el que he estado.

Resulta que la desembocadura de la bahía de Arcachon es todo arena, y por tanto el canal de entrada cambia casi constantemente, con lo cual no hay forma de saber por donde hay que entrar hasta que llegas ahí (siempre con la marea terminando de subir) y empiezas a buscar las boyas.

Hay una zona de poco calado bastante grande donde las olas rompen con facilidad, y si llegas y ves que las olas rompen no puedes entrar... nosotros tuvimos suerte y las olas no rompían, pero aún así había olas de entre 3 y 4 metros muy juntas, y el barco se movía como una montaña rusa.

Las boyas no eran fáciles de ver, y hubo un momento en que pasamos una y no veíamos la siguiente, y nos salimos del canal, de tal forma que veíamos en la sonda que la profundidad disminuía alarmantemente, teniendo que dar un giro de 180 grados entre olas de 3 y 4 metros...

Al final encontramos la boya perdida y pudimos entrar en la bahía de Arcachon sin que pasara ninguna desgracia... pero una vez ahí nos encontramos algo inesperado: cientos de lanchas de motor a velocidades de vértigo cruzando la bahía y la entrada del puerto en todas direcciones y de cualquier manera; se ve que ahí el reglamente para prevenir los abordajes en la Mar todavía no lo habían recibido, era el mayor caos naval que he visto en mi vida.

Me acuerdo que había muchos barcos de motor que llevaban motos acuáticas remolcando al entrar y salir de puerto, y estas iban golpeándose con los barcos y pantalanes que había por el camino, sin que a los dueños del barco (y la moto) les importase.

Daba verdadero miedo intentar entrar o salir del puerto en la hora punta, así que estuvimos sólo dos noches en el puerto de Arcachon, y después nos fuimos a fondear al otro extremo de la bahía, que era un sitio mucho más tranquilo y civilizado, donde la gente se dedicaba al cultivo de ostras en vez de al turismo salvaje.

En esta foto se aprecia una callejuela de un típico pueblo de este tipo, esa plataforma que se ve iba sobre unos carriles como los del tren, y los usaban para descargar las ostras de los barcos.

Turismo de ostras en Arcachón

Las ostras eran por supuesto baratísimas, una docena de ostras bien grandonas venían a salir por entre 2 o 3 euros, y resultaban ser muy prácticas para comer en el barco porque no hacía falta cocinarlas ni nada, se comen vivas según salen de la concha.

En Arcachon fue donde más días tuvimos que esperar por el buen tiempo, así que nos lo tomamos con calma y conocimos a fondo el lugar, donde estuvimos fondeados se llamaba Le Petit Piquey, y venía a ser una zona residencial con mucho bosque y algunas casas y tiendas dispersas aquí y allá, pero a base de explorarlo encontramos de todo, desde una tienda de segunda mano de efectos navales, a una galería de arte muy interesante, una buena confitería, un cine, un telecentro, la biblioteca...

Intentábamos comer lo mejor posible, y en general lo conseguimos, en esta foto se nos va a punto de degustar una rica ensalada junto a una tabla de quesos franceses:

Comiendo dentro de un barco, ensalada y quesos

Lo que a mi no me gustaba es que a todos sitios había que ir por el arcén de la dichosa carretera que atravesaba la zona, y claro, el tráfico era muy intenso y no podías caminar a gusto...

Hubo un momento en que pensamos que nos quedaríamos eternamente fondeados ahí, comiendo ostras 3 veces al día porque nunca habría un parte favorable para salir... pero afortunadamente no fue así, y tras diez días de espera, el 30 de junio pusimos rumbo a Bermeo, nuestra primera escala en España.

Este fue el momento en que divisamos por primera vez territorio español (se ve a lo lejos entre la bruma), como puede verse, el Mar estaba como una balsa de aceite:

Xebec llegando a España

Teníamos muchas ganas de llegar España, entre otras cosas porque teníamos el recuerdo de que todo era mucho más barato que en Francia, y de alguna forma echábamos de menos el estar en un sitio donde se hablase nuestro mismo idioma...

En esta foto se nos ve ya en Bermeo, con el puerto al fondo:

El puerto de Bermeo

Nada más poner tierra en Bermeo nos llevamos una gran desilusión, llegábamos de hacer una travesía de 105 millas, estábamos cansados, casi no habíamos pegado ojo en toda la noche y simplemente queríamos amarrar el barco y echarnos a dormir...

Así pues, al llegar al puerto deportivo de Bermeo vimos con agrado que lo habían ampliado y que ahora había un montón de pantalanes relucientes y casi vacíos, y nos amarramos al que nos quedaba más a mano con la idea de buscar a algún empleado y preguntarle donde podíamos quedarnos unos pocos días.

Cual no sería nuestra sorpresa cuando al llegar el empleado (un chico muy amable), nos explicó que había una situación de conflicto burrocrático, según el cual el pantalán de visitantes estaba clausurado y no se podía usar, y el resto de plazas vacías tampoco, yo intenté primero explicarle que llevábamos 2 días y una noche navegando, que estábamos hechos polvo y necesitábamos dormir... pero no hubo manera. Entonces intenté sobornarle, le ofrecí primero 50 euros, y luego 100... pero tampoco hubo manera, así que tuvimos que salir a la parte exterior del puerto y atarnos a un muro mugriento lleno de mierda al lado de un desagüe.

En esta foto puede apreciarse una parte del pantalán de visitantes, vacío y con las aguas llenas de mierda como el resto del puerto, ya que había varias alcantarillas que desaguaban sus aguas sin depurar en medio del puerto (y la ciudad):

El puerto deportivo de Bermeo

La mitad del pueblo apestaba a alcantarilla, hasta el punto de tener que ponerte un pañuelo por la nariz para poder caminar, y las aguas del puerto eran una auténtica cloaca, llenas de cagarros y compresas sanguinolentas flotando por todas partes.

Y eso no fue lo peor, lo peor fue que por la noche se levantó un poco de viento y oleaje, y la zona donde nos obligaron a ponernos (que estaba muy desprotegida) se convirtió en un infierno, con el barco golpeando contra el muro y amenazando con causar serios destrozos... así que a las 4 de la madrugada tuvimos que salir en pijama a mover el barco de sitio urgentemente y atarlo a una bolla de no se que ente burrocrático... Los cabos que utilicé para esa operación, a pesar de haberlos lavado con lejía siguen conservando el aroma de Bermeo :-P

Pero no todo era malo en Bermeo, la gente fue muy amable y todo el mundo nos dio la razón en el sentido de que los pantalanes eran para que se usasen, y no para tenerlos vacíos.

Y lo mejor de todo fueron los helados, en la parte interior del puerto había una heladería italiana de verdad, que vendía los mejores helados que he probado en mi vida, la llevaba un italiano que nos explicó que hace los helados sólo con agua y fruta, que no usa leche ni azúcar, y le quedaban exquisitos.

De cualquier forma, teníamos claro que había que salir pitando de ahí, antes de que algún ente burrocrático nos atacase, o de que el temido monstruo de los cagarros saliera de las profundidades del puerto y se nos tragase con barco y todo.

Así pues, sin pensarlo mucho, a las 11 de la mañana del día siguiente salimos zumbando de Bermeo, jurando no volver a comprar una conserva hecha ahí en la vida.

En un principio teníamos idea de llegar hasta Santoña, pero al pasar por delante del temido Cabo Machichako tuvimos un problema con el motor (el refrigerador se atascó con unas algas muy delgadinas que había flotando por todos lados, y saltó la alarma de la temperatura), y decidimos que, por si acaso, iríamos a Bilbao, puerto en el que es muy fácil entrar a vela.

Un par de horas antes de entrar a Bilbao el tiempo cambió bruscamente, y mientras oíamos un parte meteorológico que hablaba de vientos fuerza 2 y marejadilla, estábamos pensando si tomar uno o dos rizos a la vela mayor, en medio de un viento fuerza 6 y unas olas de más de 3 metros (así fue como aprendimos a tomarnos el parte meteorológico español con una pizca de sal, tal y como ya me advirtieron en Inglaterra).

Afortunadamente, el viento, a pesar de ser fuerte, era favorable, y nos metió rápidamente en el puerto de Bilbao, donde entramos y fondeamos a vela sin ningún problema, y pudimos desmontar el motor y encontrar las dichosas algitas atascando el refrigerador.

Al día siguiente nos amarramos al pantalán de visitantes del puerto de Getxo (donde gracias a la Diosa Mari todavía no había llegado el conflicto burrocrático de Bermeo), y pudimos descansar a gusto y poner unas cuantas lavadoras (llevábamos sin lavar ropa desde Royan).

Puerto de Getxo en Bilbao

El puerto de Getxo, en Bilbao, tiene muy buena fama en toda Europa, la mayoría de las personas que conocí en Inglaterra que habían navegado por el Cantábrico decían que era quizás el mejor puerto entre Galicia y Francia, tiene una entrada muy buena, está súper resguardado, no es caro, tiene muchos servicios (la lavadora y la secadora son gratis), está muy limpio, los empleados son muy atentos, y lo mejor de todo es que en frente de él hay un seguro y pintoresco fondeadero, de tal forma que puedes pasar una noche en el puerto (pagando), y otra/s fondeado (sin pagar), y de esta forma ahorras mucho dinero.

En esta foto estamos desayunando fondeados en dicho puerto:

Fondeadero del puerto de Bilbao

Los alrededores merecen la pena visitarlos, el casco antiguo de Getxo nos gustó mucho, y hay muchas tiendas interesantes, así como parques públicos y una playa muy amplia, eso si, los helados no eran ni la mitad de buenos que en Bermeo!

Después de recuperar fuerzas y hacer un poco de turismo por Bilbao, zarpamos rumbo a Santander el 16 de julio, ahí nos estaba esperando una comitiva familiar para celebrar a bordo nuestra exitosa travesía:

Puerto deportivo de Pedreña, Santander, Cantabria

En Santander nos alojamos en Marina Pedreña, un pequeño puerto deportivo que hay al lado de Somo, el marinero del puerto fue especialmente amable, y nos estaba esperando en persona cuando entramos, para ayudarnos a amarrar el barco, hasta nos enseñó a hacer un nudo marinero que no conocíamos!

Como la zona ya la conocíamos no nos entretuvimos demasiado, y el 18 de julio emprendimos nuestra última etapa del viaje, rumbo al Planeta Asturias. En esta foto Elena lleva el timón a la salida de la Bahía de Santander (la playa de Somo se ve al fondo):

La bahía de Santander

Por la noche el viento se fue a dormir (y durmió mucho, porque a las 11 de la mañana cuando llegamos a Gijón todavía no se había despertado!), y después de hacer casi todo el viaje a motor, llegamos a Gijón el día siguiente por la mañana, en esta foto ya veíamos a lo lejos la silueta de la ciudad:

Llegando a la bahía de Gijón

Y aquí estamos felizmente amarrados en el pantalán de transeúntes del Puerto Deportivo de Gijón, al fondo se ve el edificio de la Talasoterapia (Talasoponiente):

El puerto deportivo de Gijón

En total desde que salí de Plymouth fueron unas 900 millas naúticas (más de 1600 kilómetros), pero se hicieron muy amenos por ir haciéndolos en pequeñas etapas, con buen tiempo, y, lo más importante, en muy buena compañía!, de hecho, lo más sencillo y fácil del viaje fue el hecho en si de navegar (gracias en gran parte a los dos pilotos automáticos, eléctrico y de viento), y yo realmente no considero que fuese ninguna hazaña remarcable, pienso que tiene mucho más mérito hacer 90 millas con mal tiempo que 900 con buen tiempo como lo hicimos nosotros.

De cualquier forma fue una experiencia muy positiva, que nos permitió conocer una gran cantidad de sitios por realmente poco dinero (en comparación con haber hecho el viaje a través de una agencia de viajes por ejemplo), y quizás lo que más lamenté fue el no hablar francés, ya que estoy seguro que de haber sido capaz de entenderme en su propio idioma con los franceses, habría conocido mucha gente interesante, igual que pasó en Inglaterra.

Así que para el próximo viaje espero poder aprender algo de portugués antes de zarpar!

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Autor: Ignacio Vidal (Nacho) (el marinero, no el otro) - Volver al inicio - Derechos de copia - Contacto