Viana DC - Madeira - Porto Santo

Después de 9 días y 8 noches de navegar en solitario en medio del inmenso Océano Atlántico la verdad es que tenía muchas ganas de llegar a puerto... pisar tierra firme, comer un rico helado, darme una ducha con agua dulce, poder dormir sin preocuparme por el rumbo, las velas, el viento, el barco...

Así pues, la diminuta isla de Porto Santo se me apareció en el horizonte como un hermoso oasis en medio de un infinito desierto de agua salada, las últimas horas antes de entrar en el puerto no dejaba de mirar el horizonte, viendo como a cada minuto la isla y su puerto se iban haciendo más grandes y más visibles.

Al de pocos minutos de amarrar el barco en el puerto deportivo vino a recibirme la Guardia Nacional Republicana, fueron muy amables conmigo, e incluso me dijeron que si estaba muy cansado (por haber hecho la travesía en solitario), podía descansar primero y después ya hacíamos los trámites de entrada.

Lo cierto es que estaba más cansado de estar encerrado en el barco que otra cosa... así que después de hacer los papeles, fui a dar un paseo por la isla, la primera impresión fue buena, un sitio tranquilo y pequeño, del tamaño de mi Candás asturiano, aunque no tan verde!

Este fue el sitio que me tocó:

Vista aerea de la marina de Porto Santo

Xebec es el barco diminuto que se ve en medio del puerto.

La experiencia en el puerto fue mala, la persona que llevaba la oficina estaba de vacaciones, y el substituto tenía una forma de interpretar la tarifa bastante creativa y a la alza, quizás porque no sea el tipo de cliente que les gusta recibir... pero lo cierto es que todo lo demás fue muy positivo, la isla me gustó y conocí a muchas personas interesantes.

Para mi fue la primera vez que pisaba una isla volcánica, y realmente me pareció un sitio con una magia especial, supongo que al haber salido de las profundidades del planeta, atravesado el Océano desde el fondo hasta la superficie y haber tenido una larga historia de terremotos, volcanes y tsunamis... pues tenía que ser un sitio con caracter propio.

Desde lejos parece un sitio árido, pero si la recorres a pie y de cerca no dejas de encontrar vida en todos los rincones, es como que la poca vida que hay resalta y contrasta mucho con todas las variadas y originales rocas volcánicas, haciendo en conjunto un paisaje mágico y especial:

Rocas volcánicas en Porto Santo

Un día me dediqué a seguir el lecho de un arroyo seco:

Arroyo seco en Porto Santo

Y resultó muy divertido, cada pocos metros las rocas cambian por completo, y se pueden apreciar distintos plegamientos y coladas de lava, y muchísimas lagartijas y saltamontes!

Coladas de lava y plegamientos volcánicos en Porto Santo

Y al final hasta encontré agua! me hizo mucha ilusión, alrededor había muchos árboles y arbustos, y muchísimos pájaros que iban ahí a beber.

Oasis en las montañas de Porto Santo

En realidad tuve muy poco tiempo para hacer turismo, entre el "conflicto diplomático" en el puerto, reparar el barco y atender el consultorio, apenas dediqué 4 días a conocer la isla durante el mes que estuve, ya sé que es un poco triste, pero por otro lado pienso que así veo las cosas desde otro punto de vista, es como que no me siento turista en ninguna parte, llego con mi casa, mi trabajo, y después de una semana de duro trabajo cogo la mochila y me voy de excursión como hace la gente que es de ahí de toda la vida, realmente nunca tengo la sensación de estar "fuera de mi sitio".

Por otro lado, los ricos que llegan con sus barcos nuevos que no se estropean como el mío, tampoco suelen dedicar mucho más tiempo a hacer turismo, en realidad menos, si tenemos en cuenta que se centran sobre todo en ir a los restaurantes, y al no hablar el idioma del lugar no conocen a la gente de ahí, sólo hablan de ellos de vez en cuando, les llaman "los locales", como quien habla de los ornitorrincos o los espermatozoides... una especie de seres vivos que se sabe que existen pero por los que hay poco interés.

La isla de Porto Santo se descubrió a principios del siglo XV, y según cuentan las crónicas de la época, estaba llena de árboles inmensos, dragoeiros en su mayoría como este de la foto:

Dragoeiro en Porto Santo

La diferencia es que aquellos eran tan grandes "que con la mitad de un tronco se podía hacer una canoa para 7 hombres"; y según explican en el museo de la isla donde esta sacada la anterior foto, durante casi un siglo la isla de Porto Santo fue exportadora de alimentos al Portugal continental, cultivaron mucho cereal, y también exportaban una miel de gran calidad...

Después de 100 años de aquel paraiso sólo quedó una tierra pobre y arrasada, sin un sólo árbol de envergadura y donde la supervivencia era bastante difícil, cuando llegué yo la vida era similar a cualquier ciudad europea, todo gracias a los constantes suministros del exterior: combustible, agua desalinizada, alimentos, electricidad...

Porto Santo es un buen ejemplo de la terrorífica dependencia del primer mundo de los recursos, la riqueza y el trabajo de los llamados "paises pobres", así como de una tecnología cada vez más inútilmente compleja.

No es que en Porto Santo sean más dependientes, es sólo que ahí se ve más claro por lo pequeño del lugar, subes a una montaña y ves el puerto con su ferry (auténtico cordón umbilical de la isla), la planta desalinizadora, la central eléctrica, los depósitos de gasoil, el supermercado, el campo de golf... y piensas: "de todo lo que veo, cuanto ha venido de fuera de la isla y cuanto ha salido de ella?", la respuesta es que practicamente todo viene de fuera.

Aquí se puede ver el típico panorama de la isla, campos secos y volcanes dormidos desde hace mucho tiempo (el del fondo es el pico de Ana Ferreira):

Pico de Ana Ferreira

Aunque lo parezca, la isla no es tan árida, un buen ejemplo es esta acera, llena de plantitas que crecen fuertes y sanas aunque nadie las riegue (a lo mejor es que pasa una tubería rota por debajo!):

Acera con plantas en Porto Santo

Y cada poco te encuentras con alguna sorpresa, como esta finca hecha con piedras y hierros de encofrar:

Finca artística muy original

La técnica parece bastante sencilla y barata, consiste en coger un montón de piedras más o menos redondas y hacerlas a todas un agujero en el medio, después se van ensartando en las varillas de encofrar, de tal manera que a estas se les va dando la forma y uniéndolas unas a otras según sea necesario.

Arte con piedras y varillas de encofrar

En un extremo de la finca había hecha hasta una pequeña casita:

Casa hecha con varillas de encofrar y piedras del monte

Me imagino que hará falta tener buena herramienta, empezando por unas cuantas cajas de brocas para roca y un buen taladro!

Quizás el mayor protagonista de la isla es el ferry que todos los días une Porto Santo con Funchal, ahí es donde llegan la práctica totalidad de los alimentos que se consumen en la isla, todos los coches que se ven circulando, los turistas... basicamente casi todo.

El barco se llama "Lobo Marino", a mi me pareció un nombre muy bueno para un ferry, me imaginaba al capitán con 7 pendientes en cada oreja y un parche en el ojo contando todas sus aventuras y las del barco por los siete mares antes de dedicarse a hacer la ruta Funchal - Porto Santo...

Pero no, resulta que el nombre no tiene la misma connotación que en español, sino que se refiere a un tipo de foca que antes era bastante abundante en las islas y ahora andan escapadas por las rocas esperando el fin de la civilización occidental para poder volver a vivir tranquilas.

Hubo un día en que al ferry se le estropeó uno de los dos motores que tiene, y tardaba más en hacer la ruta, a parte de que necesitaba de un remolcador para entrar y salir de puerto, en la isla este tipo de cosas son una noticia importante, supongo que es un sitio donde se puede decir que nunca pasa nada, y pequeñas cosas como esta son una noticia.

Los días que tenía el motor estropeado había gente que iba hasta el final del espigón en coche sólo para verlo entrar y sacar alguna foto...

El Lobo Marinho llegando a Porto Santo

Después de dos meses y medio en Portugal realmente la conclusión es que es un sitio caro, a pesar de que la mayoría de personas gana alrededor de 500 euros al mes, todo está hecho para la poca gente que dispone de miles de euros para gastar todos los meses, y esto crea una situación "enrarecida", es como que la mayor parte de la población está marginada en su propio país, de tal forma que por mucho que trabajen a penas pueden cubrir sus gastos más imprescindibles.

Y esta situación crea un ambiente tenso y poco favorable para la lírica, yo percibo como que la mayoría de las personas aquí están demasiado oprimidas como para que les queden ganas de conocer gente y disfrutar de la vida de una forma despreocupada, supongo que es más el peso de sus problemas cotidianos que no una cosa cultural.

Y volviendo a Porto Santo, uno de sus primeros vecinos fue nada menos que Cristobal Colón, que llegó aquí con veinti pocos años a hacer negocios con la compra venta de caña de azucar, se ligó a la hija del gobernador de la isla y se quedó a vivir en ella una temporada, mientras se iba enterando de los últimos descubrimientos que se iban haciendo por la costa africana, y supuestamente, también recabando información y haciendo planes que le llevarían al Continente Americano.

En la isla hay un museo que lleva su nombre (aunque trata de toda la historia de la isla), y también esta estatua, que le retrata como joven aventurero:

Cristobal Colón de joven

Ahora lo de la caña de azucar ya no se lleva, y los últimos aventureros que vinieron por aquí fueron los del ladrillo, que se dedicaron a construir a trote y moche por todos lados (aunque sin hacer demasiado destrozo, todo hay que decirlo), con la intención de vender luego a precio de oro...

Casa abandonada en Porto Santo

Uno de los últimos días fui de excursión al pico de Ana Ferreira, que viene a ser una especie de volcán extinguido hace muchos años, la verdad es que lo pasé bien, una de las cosas especiales de Porto Santo es que puedes estar todo el día de excursión sin ver a una sola persona, ni siquiera un envoltorio de chocolatina o lata de Coca-Cola olvidada, casi todo el mundo va a la playa o al restaurante, las montañas las ven de lejos y con eso ya se conforman.

La subida a la montaña es impresionante, sobre todo por las formaciones rocosas tan variadas e interesantes que hay, en esta foto no se aprecia, pero la erosión de la lluvia había formado una especie de canales en la roca blanda, de tal formas que se aprecían un montón de vetas y plegamientos muy variados:

Erosión volcánica en Porto Santo

Y aquí se ve al fondo la costa Norte, luego el campo de golf, y más cerca los muros de piedra que se ven son los restos de la agricultura que había en la isla antes de que la comida viniese de fuera a precio barato, hasta donde yo he visto todas las terrazas para agricultura están abandonadas, tanto en Porto Santo como en la parte de Madeira Grande donde he estado, me imagino que tenía que ser muy duro cultivar ahí la tierra, por todo lo que implica de desplazamientos, transporte de herramientas, cosechas...

Costa Norte de Porto Santo

Esta es una vista del pico Ana Ferreira cuando ya estaba llegando, en las fotos no se capta la magia del lugar...

El pico de Ana Ferreira, Porto Santo

La cima del pico es impresionante, popularmente lo llaman "el piano", porque se trata deuna serie de rocas alargadas con sección pentagonal la mayoría, de tal forma que vas caminando sobre ellas como si fuesen las teclas de un piano, así hasta llegar a la cima:

El Piano de Porto Santo

Eso si, hacen falta buenos zapatos, yo fui con unas sandalias malonas y no pude llegar a la cima, las teclas del piano son muy grandes, y están inclinadas como 20 grados a un lado, de tal manera que no se puede andar deprisa por encima, y un pequeño despiste te puede costar muy caro.

La cima del pico Ana Ferreira

Y esta es la vista desde arriba, lo que se ve es la mayor parte de la isla, lo verde es el campo de golf, y al fondo a la derecha está el puerto:

Isla de Porto Santo vista desde el aire

Y a esto otro le llaman "el órgano", porque recuerda al órgano de una iglesia con todos los tubos subiendo hacia arriba, realmente es impresionante el estar ahí y ver las rocas todas apiladas como columnas pentagonales perfectas, y además retorcidas y alabeadas como si fueran de plastilina...

El órgano de Porto Santo

No tuve tiempo de buscar información sobre ello, pero por mucho que lo intento no logro imaginarme como las rocas pudieron quedar fundidas de esa forma tan geométrica.

Los últimos días en la isla, después de cerrar el consultorio, me los pasé recluido en el barco trabajando a marchas forzadas reparando la vela de proa para poder salir pitando de ahí antes de que se cumpliese el mes y los del puerto vinieran a por más dinero.

Reparando vela génova con banda UV

La verdad es que fue bastante duro tener que repara toda la vela dentro del barco, fueron como 15 metros de banda UV los que tuve que pegar por todo el borde de la vela, pero bueno, al final lo hice y quedó bien, espero que dure por lo menos un par de años...

También tuve que coserle un refuerzo en el puño de escota, que ya estaba un poco deshecho después del viaje desde Viana do Castelo:

Puño de escota reforzado en Génova

Así es como cuando alguien me felicita por estar todo el año de vacaciones viajando por el mundo me siento bastante incomprendido, la gente se imagina que esto de estar en un barco es sinónimo de estar de vacaciones, pero en la práctica se traduce en trabajar mucho más que estando en tierra, por eso la mayoría de personas es sedentaria y no nómada.

Y este minúsculo pajarito es nada menos que un charrán, uno de los animalitos más viajeros del planeta, algunos vuelan todos los años desde el Polo Norte hasta la Antártida y vuelta, toda una hazaña teniendo en cuenta que viajan sin dinero ni equipaje, por lo visto pueden alcanzar velocidades de hasta 100 km/hora.

Aquí en Madeira hay muchos, todavía no consiguieron exterminarles ni sacarles dinero, es más, están todo el día armando bulla, comiendo gratis, y se cagan en todo lo que les da la gana, hasta en el pobre Kyon:

Charrán en Porto Santo Marina

Y por fin, el 17 de julio antes del amanecer llegó el momento de marchar, es triste decirlo, pero me hizo todavía mucha más alegría el partir que el llegar, más que nada por el mal ambiente que había en el puerto, y porque supongo que en el fondo el sitio se me hacia demasiado pequeño.

Aquí estoy ya llegando a la isla de Madeira, donde espero tener menos conflictos y más alegrías!

Cabo San Lorenzo (Madeira), visto desde el Mar
Ignacio Vidal, el autor de esta web

Nacho (el autor de esta web)

En otros tiempos técnico de sistemas Unix, en 2004 decidí intentar vivir mi vida de una forma más coherente conmigo mismo, y así fue como surgió esta web, en la que escribo desde entonces cuando mis circunstancias me lo permiten.

Nací en España hace ya 39 años, y después de andar viendo mundo a bordo de un pequeño barco durante 10 años, finalmente decidí establecerme en la isla de Santa María (Portugal), un oasis de paz, tranquilidad y belleza en este planeta cada vez más atribulado en el que vivimos.

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