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Ideas y consejos - El gran riesgo de la videncia

Todas las actividades tienen sus riesgos laborales particulares... quienes trabajan encima de un andamio corren el riesgo de estrapallarse contra el suelo, los médicos y enfermeras se arriesgan a contagiarse de según que enfermedades, o incluso a que algún paciente poco agradecido les agreda; y en el caso de las personas que se dedican a intentar ayudar a otras personas mediante la videncia o artes similares, el riesgo principal es El Orgullo (entendido en el mal sentido de la palabra).

Me refiero a ese orgullo que hace que una persona se crea superior o mejor que las personas que tiene alrededor, ese orgullo que hace que alguien pierda la propia medida de si mismo.

Cuando uno se dedica a intentar ayudar a otras personas y lo hace mínimamente bien, suele ocurrir que lo consigue en mayor o menor medida y acaba teniendo un reconocimiento a nivel social, a menudo alguna persona le expresa lo muy agradecido/a que está o lo mucho que le ha ayudado, empieza a ser conocido, a tener "fama" y "prestigio"...

Esto ya por si sólo es suficiente para que a mucha gente se le suba a la cabeza y empiecen a darse aires de grandeza, inflándose de orgullo como un globo.

Y cuando además de todo esto uno se dedica a ver el futuro y otras cosas ocultas, el riesgo de dejarse arrastrar por el orgullo aumenta de forma exponencial. Esto quizás lo expresase muy bien Rijnberk con estas palabras:

El orgullo es el peor de los peligros que amenazan a quien se dedica a la ciencia oculta o a la mística. El mago egoista puede rectificar y convertirse en un benefactor caritativo; quien ha sido cegado por los espejismos de lo Astral puede recuperar la vista, romper sus cadenas y bajar a su maestro del falso altar en que lo tenía. Pero quien pierda la medida de su propia insignificancia, quien haya adquirido una brizna de ciencia oculta o entrevisto a través de una rendija un pequeño rayo de la Luz Inefable, y por dicho motivo se crea superior a los demás y se enorgullezca en su locura, tarde o temprano este/a insensato/a se hallará ante el ángel que le recordará: '¿Quién es cómo Dios?'. Y el rayo lo precipitará de la torre desde cuya cima creía poder pavonearse por encima de sus semejantes.

Yo de momento no vi a nadie que un ángel le tirase un rayo por pasarse de listo, pero si he visto a mucha gente acabar muy mal por orgullo (lo del rayo y el ángel hay que entenderlo como una metáfora).

No es raro que quien se dedica a echar las cartas acabe creyendo que puede adelantarse al futuro y hacer las cosas "mejor" a base de echar las cartas para cualquier cosa por trivial que sea, de tal forma que empieza a echar las cartas incluso cada vez que sale de casa... hasta que llega un momento que cae en una situación de obsesión y desquicie tal que acaba en el psiquiátrico.

También es muy típico acabar creyéndose con potestad para juzgar a las personas que acuden a uno, en el sentido de decir que este/a es un "cual" o un "tal" o que este es el "malo" y aquel el "bueno"... y esto es algo nefasto a la hora de intentar ayudar a alguien. Vale más negarse a atender a alquien a quien no puede evitarse juzgar de antemano, y si esa situación se da con relativa frecuencia (más de una vez cada varios cientos o miles), es que hay un problema muy serio.

A menudo, el orgullo es el principio del camino de la locura, camino muchas veces sin retorno.

Lo fundamental es no perder nunca la medida de uno mismo, recordar que las personas somos muy poca cosa, que basta una simple enfermedad, un accidente tonto o cualquier otra cosa trivial para dejarnos fuera de combate... por no poder, no podemos ni estar 5 minutos seguidos sin respirar.

Incluso el ver una parte del futuro u otras cosas ocultas es muy poca cosa, no es muy diferente a cuando un científico mira por un microscopio y ve unas bacterias ampliadas mil veces... puede ser impresionante e incluso llegar a ser de ayuda, pero puesto al lado de todos los problemas y circunstancias que nos rodean no deja de ser un grano de arena en un desierto inmenso.

Quizás el mejor consejo es no apartarse nunca de la realidad, que es la base más sólida en la que apoyarse, y mirar de frente tanto la parte de la realidad que nos gusta como la que no, haciendo esto es seguro que encontraremos muchos motivos para tener los pies en el suelo y no dejar que el orgullo entre en nuestros corazones.

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Autor: Ignacio Vidal (Nacho) - Volver al inicio - Derechos de copia - Contacto